Son tres letras. Pero que mueven mucho dinero. Que fijan valoraciones. El ARR, el ingreso anual recurrente, se ha convertido en la cifra con la que se valora, se financia y se presume en el mercado de las startups.
Ese ingreso anualizado no es una cifra contable, no aparece en cuentas auditadas, no tiene una definición única. Cada empresa decide cómo lo calcula. ¿Coges el último mes y lo multiplicas por doce? ¿El mejor mes? ¿Incluyes contratos firmados que todavía no facturan? ¿Cuentas los pilotos?
La discrepancia con OpenAI, que ha soliviantado a Silicon Valley, surgió al intentar compararse con Anthropic, que sí incluye las ventas a través de socios en la nube como Amazon o Google. En esa pugna está la esencia de lo que pasa hoy en el mercado. Si el rival saca pecho con una medición cuando menos generosa, el incentivo está en inflar las de este lado. Y la cifra grande viaja sola. La corrección llega tarde y circula mucho menos. Mucha gente se quedará con los setenta mil millones.
En los últimos meses se percibe cierta preocupación en el mercado por las métricas. Por esa inflación de los números públicos.
En España, Multiverse Computing anunció en julio una megarronda de hasta 500 millones de euros. Hoy sigue abierta. La compañía dice que se está cerrando. Entre inversores circula material para completarla. Y ahí aparece una métrica. No se llama ARR, se llama AnRR: 125 millones de euros a junio. Pero sin precisar ni el periodo que se toma como base, ni qué ingresos incluye, ni si entran sus más de 30 pilotos activos.
Este fenómeno se parece a lo que sucedió tras el ajuste post-Covid, donde la rentabilidad pasó al primer plano. Ahí se esgrimió el Ebitda, el resultado bruto de explotación. Pero también acabó retorciéndose pasando del Ebitda ajustado al inventado Ebitda justado por comunidad de WeWork.
En bolsa, esto está regulado. A una cotizada, la CNMV le exige explicar cómo calcula estas métricas, conectarlas con sus cuentas y no destacarlas por encima de las cifras auditadas. La SEC lleva años preguntando por el ARR. A una empresa le llegó a pedir que dejara de llamarlo anual y lo llamara anualizado. Si no se cotiza, no hay tantas exigencias.
Esa falta de transparencia o esa ‘brocha gruesa’ en los números también sucede en las rondas. A veces es un “hasta cien millones” anunciado antes de cerrarse. A veces suma subvenciones o préstamos. A veces es un secundario: la valoración sube y la caja de la compañía no cambia.
Una de las razones de ser de Ecotechers es la transparencia. No siempre se consigue, pero siempre se intenta: leo las cuentas, miro el registro, cruzo lo comunicado con lo registrado. El resultado no siempre es más vistoso. Pero son cifras con las que se pueden tomar decisiones. El próximo informe de Ecotechers Data, con el tercer trimestre, sale en las próximas semanas.
Además, también se analiza la venta de Maite AI, el relanzamiento del agente de IA de Factorial y el frenesí comprador del gigante alemán del software SAP.
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